sábado, 22 de julio de 2017

Agustín Alfonso Rojas-Chile/Julio de 2017



EL AMIGO CARACOLITO
(CUENTO PARA NIÑOS)


           
            Una fina llovizna cae desde temprano. Las violetas del jardín de la abuela Alicia, saturadas de humedad, se niegan abrir sus pétalos. Los zorzales que tienen sus nidos en el tilo de enfrente, se ven ateridos de frío. José Miguel Alfonso de 6 años y Natalia Margarita de 8, miran al exterior, a través de la ventana del dormitorio del abuelo Alfonso. Para ello, deben limpiar los vidrios, ya que el calor de la casa los mantiene empañados. De pronto escuchan la voz de las violetas que se quejan de las bajas temperaturas:
            -¡Oh, que entumecida estoy!
            - ¡ Sí¡, nosotras también, dijeron al unísono las otras.
            - ¡Cuándo saldrá el sol!
            - Estamos recién entrando al invierno y para que llegue la primavera falta aún mucho tiempo -  dijo la de mayor edad…
            José Miguel y Natalia Margarita, jamás habían escuchado hablar a las flores.
            A mí me gustaría ser grande para darle calor a las violetas, dijo José Miguel.
            Yo también haría lo mismo, manifestó Natalia Margarita.
            En eso estaban, cuando vieron que un caracol subía por la pared hacia la techumbre de la casa. Al pasar por el vidrio les dijo:
            -Voy al Sol, quiero traer en este canastito un poco de calor para las violetas.
            -¡Qué bueno eres!- dijo Natalia Margarita.
            - ¿Qué llevas en el canasto?, - preguntó José Miguel.
            - Higos secos, nueces, pasas, un poco de miel y un trozo de pan.- contestó el caracol.
            - ¿Tienes suficiente?, el camino es largo y te dará hambre.- dijo Natalia Margarita.
            - No te preocupes, tengo suficiente - replicó éste y agitando sus antenas siguió trepando.
            -¡José Miguel!, ¡Natalia Margarita! A almorzar - llamó la abuela Alicia.
            Como todos los días, ambos, corrieron al baño a lavarse las manos.
            Estaban sirviéndose el postre, cuando sintieron un fuerte golpe, al mirar por la ventana del abuelo, vieron que el caracol una vez más, iniciaba su viaje hacia la techumbre.
            - ¿Qué te pasó Caracolito? -  preguntó Natalia Margarita .
            - Me quedé dormido casi al llegar a la techumbre y me vine abajo - contestó éste – pero no me doy por vencido, recogí  las vituallas  y ahí voy otra vez.
            Los niños se quedaron mirándolo hasta que llegó a la cima de la casa. Un rayo de sol cayó sobre ella y el Caracol se trepó en él, y éste muy lentamente, se fue recogiendo hasta perderse en las alturas de regreso al Padre Sol.
            Llegando allá, se sentó a merendar: higos, nueces y pasas, a la orilla de un río de fuego que era fresco, ¡fresco!, como si fuera un río de agua.
            -¿A qué has venido? – Preguntó el Padre Sol - alisándose su larga y blanca barba.
            -Vengo en busca de un poco de calor para las violetas.
            -¿Y qué les pasa a las violetas?
            -El abuelo invierno las tiene encerradas en una jaula de hielo.
            -¡Ah!, ¿No sabes Caracolito, que mi sobrino debe hacer su trabajo para que las plantas descansen y se preparen para verse hermosas en primavera?
            -Es que a mí me da mucha pena verlas tan tristes, con ese frío, y por eso he venido hasta acá.
            -Bueno, porque eres un excelente amigo llena tu canasto de calor y llévaselo. Mañana me asomaré a ese jardín para saludar a tus amigas.
            El Caracolito se trepó nuevamente al rayo de sol y, muy lentamente se dirigió a la tierra, justo hasta la techumbre de donde había subido a los cielos.
            José Miguel y Natalia Margarita aún miraban al cielo, cuando vieron que el Caracolito bajaba hasta el jardín y lanzó una fina lluvia de calor sobre las violetas, que llevaba en su canastito; inmediatamente las violetas abrieron sus corolas y luciendo alegres y perfumadas. El azul de sus pétalos llenó el espacio. Danzando y cantando agradecieron al Caracolito su lindo gesto de amistad.

            Para mis nietos José Miguel y Natalia Margarita. Que Dios los guarde en su inocencia, por que sé que aman a los animales y las plantas.


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