lunes, 17 de mayo de 2010

Elena Ortíz Muñíz-México/Mayo de 2010



LIBERTAD CONDICIONADA

Alguien hizo la denuncia, me capturaron en plena vendimia de droga, pensé que pasaría muchos años en prisión después de un engorroso y desgastante litigio. Pero intervino el honorable Juez que imparte justicia y por eso es respetable. Manipuló las pruebas y compró testigos. Quedé libre de cargos, pero a su merced.
Entró en la habitación. Me miré al espejo. En unas cuantas semanas nacería el bebé, debía acostumbrarme a parecer un globo repleto de aire. Me arrojó a la cama y comenzó a recorrer mi cuerpo como si se tratara de un teclado de juguete al que se puede aporrear.
De cuando en cuando viene, y sin más, hace uso de mi cuerpo y me posee sin recato. No pisé la cárcel nunca, pero soy prisionera igual. Me pregunto mientras él termina de hacer lo suyo ¿quién en esta vida puede presumir de no ser criminal?

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